La educación es esencial en el proceso de liberación del ser humano (Freire, Hostos). Es necesario entender el término “liberación” en el marco de una concepción del ser humano como enraizado en su sociedad y cultura. Liberar al ser humano requiere que éste comprenda su interacción con la cultura y la sociedad en que vive, que adquiera las diversas herramientas que su cultura le ofrece y desarrolle tanto la capacidad de ser crítico de su propia cultura como la imaginación para crear un espacio dentro de la sociedad.
Para lograr este fin, la escuela debe esforzarse para que el estudiante se apropie de las herramientas que la sociedad le ofrece para su desarrollo. Es necesario que reconozca la diversidad de los estudiantes y que elabore rutas alternas para lograr que todos adquieran estas herramientas, de acuerdo a sus capacidades y talentos.
La escuela debe esforzarse, además, por lograr que los estudiantes encuentren o construyan un espacio propio en la sociedad. Esto requiere que cada escuela cree las condiciones concretas para apoyar el desarrollo socio-emocional de sus estudiantes y para que éstos descubran sus talentos, así como las posibles avenidas para desarrollarlos.
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